lunes, 19 de junio de 2017

La Fundación Eva Perón fue creada el 19 de junio de 1948 para atender las urgencias de los mas necesitados

LA RAZÓN DE SU VIDA   Investigación periodística de Ramón Vázquez 

 La Fundación Eva Perón fue creada el 19 de junio de 1948 para atender las urgencias de los sectores más necesitados, pasando por encima de la burocracia estatal.  Especialmente se ocupaba de llegar con la acción social directa a los niños, las mujeres desamparadas, los ancianos y los sectores marginales que no podían beneficiarse directamente con la reciente y revolucionaria legislación social que alcanzaba a obreros, empleados y peones de campo.  Debe recordarse que, por ejemplo, la inmensa mayoría de los ancianos, después de haber trabajado toda su vida, entonces no tenía jubilación.  La Fundación fue un organismo de acción desinteresada orientada a los que sufren, sin distinción de credos ni de fronteras, que se manifestó mediante hechos concretos de solidaridad humana y socorro oportuno allí donde hiciera falta, dentro y fuera de la Argentina.  La propia Evita resumía esa misión:"fue creada para cubrir lagunas en la organización nacional, porque en todo el país donde se realiza una obra siempre hay lagunas que cubrir, y para ello se debe estar pronto para realizar una acción rápida, directa y eficaz". 


 Su actividad se basaba en el contacto directo con los humildes a través de audiencias, respuestas a cartas personales y la realización de obras complejas y la implementación de planes para mejorar lo que ahora se denomina "calidad de vida".  Cumplió las más diversas tareas de asistencia social por conducto de sus células mínimas que, según su fundadora, "recorren el territorio de la patria para ir a ver en cada casa, en cada lugar, el problema que ha de solucionarse de inmediato. (...) Termina de este modo la humillante beneficencia; se inicia la hora de la dignidad por medio de la justicia social".  Explica Eva en La razón de mi vida: "... el trabajo que yo hago no es filantropía ni es caridad, ni es limosna ni es solidaridad social, ni es beneficencia. Ni siquiera es ayuda social, aunque por darle un nombre aproximado yo le he puesto ése... Para mí es estrictamente justicia".  Probablemente uno de los conceptos más revolucionarios del peronismo está expresado en la frase: "Ahí donde hay una necesidad, ahí hay un derecho"; frase que podría sintetizar la obra de la Fundación.  Se trataba de una práctica y clarísima refutación a la hipocresía calvinista-liberal del "deber moral", que habitualmente esgrimen los pudientes y las grandes corporaciones para encubrir sus negocios: el clásico argumento justificativo de la "beneficencia".  Eva Perón reivindicó con firmeza hasta sus últimos días el estado de derecho para la ancianidad, para los niños, para las mujeres y para los trabajadores, que hasta entonces habían sido los grandes excluidos del sistema.  Con exiguos ingresos en sus comienzos (la donación de un sueldo de $ 10.000,- del presidente Perón), la Fundación cobró rápidamente importancia, y su acción se fue extendiendo a todos los rincones del país.  Hacia 1952 ya había construido nada menos que 23 modernos policlínicos generales, de cirugía y maternidad, con una capacidad media de 500 camas, un gran policlínico para tuberculosos, una clínica de readaptación para niños y una clínica para reumáticos en Termas de Reyes (Jujuy), institutos para alienados, el Instituto del Quemado, hospitales en todo el país y servicios de urgencia modelo, además de haber creado la Escuela de Enfermería y puesto en marcha el Tren Sanitario.  Este último, dotado de la más moderna aparatología, cumplía con la tarea de relevamiento y protección de la salud de las poblaciones más alejadas de los grandes centros urbanos. La problemática del alojamiento transitorio de las mujeres fue encarada mediante la construcción y mantenimiento de tres hogares de tránsito en Capital Federal, que hallaron su réplica en el interior. Por su parte, el hogar de la empleada General San Martín apuntaba a resolver el problema de las mujeres sin hijos que sufrían la carencia de alojamiento definitivo.  El hogar contaba con un comedor, adonde la propia Evita solía ir a cenar al concluir su jornada. (En ese ámbito se reunía un grupo de intelectuales en la "Peña Eva Perón", que amenizaba las veladas con la lectura de las composiciones que le dedicaban).  En el campo de la educación construyó 1.000 escuelas y 18 Hogares Escuelas para niños de padres sin recursos, las Ciudades Infantiles de Buenos Aires, Córdoba y Mendoza, la Ciudad Estudiantil para adolescentes del interior que estudiaban en la Capital Federal, las Ciudades Universitarias de Córdoba (para 2.000 estudiantes argentinos y 400 extranjeros) y de Mendoza.  Complementariamente, organizó los Campeonatos Infantiles de Fútbol "Evita" y Juveniles "Juan Perón", que se ampliarían luego a torneos de atletismo, natación, básquetbol, esgrima, etcétera, los que trascendiendo el encuentro deportivo y la formación física se convirtieron también en un sistema que chequeaba la salud de 300.000 jóvenes por año. Implementó asimismo para los niños y preadolescentes de todo el país Colonias de Vacaciones en Córdoba, Mar del Plata y Buenos Aires, que trasladaban anualmente a 70.000 de ellos hacia esos lugares de esparcimiento.  Perfeccionando la tarea del Estado de incorporar a millones de trabajadores de todo el país a las Cajas de jubilaciones y pensiones, la Fundación, además de haber logrado instaurar en la Constitución de 1949 los Derechos de la Ancianidad, entregó por primera vez pensiones a la vejez y construyó asimismo varios Hogares de Ancianos cuyo lema era "evitar la monotonía": en ellos, lejos de vegetar sin sentido, los internados -asistidos por empleados, enfermeras y monjas- podían trabajar voluntariamente en forma remunerada en labores productivas adecuadas a su edad y vocación, asistir a la biblioteca, escuchar música, participar de paseos y charlas y realizar otras actividades de esparcimiento. Además de la cadena de Hogares de Tránsito y del Hogar de la Empleada, obtuvo la Ley de Pensión a la Ancianidad.  La Fundación levantó fabulosas unidades de Turismo en Uspallata (Mendoza), Chapadmalal (Buenos Aires) y Embalse Río Tercero (Córdoba). Estas grandes unidades turísticas, así como las Colonias de Vacaciones, cumplieron con la finalidad de poner el turismo al alcance de los trabajadores y aún de las personas menos favorecidas.  La implementación de los programas de turismo social no resultó fácil.  La propuesta tuvo que ser apuntalada con una fuerte publicidad, pues los trabajadores, en general, contemplaban los viajes de vacaciones como una cosa lejana, irreal, propia de gente adinerada con las que ellos nunca habían tenido contacto, es decir, característica de una clase a la que ellos no pertenecían.  En un primer momento prefirieron abstenerse de realizar actividades que no conocían.  La imaginaban compleja y elaborada y sentían temor de no poder desenvolverse en ese medio extraño.  Como consecuencia, las actividades planificadas para la temporada 1948/49 no tuvieron el éxito esperado, razón por la cual el gobierno (particularmente el bonaerense) se vio obligado a promocionar intensamente los programas, con especial énfasis en la desmitificación de la vida en los hoteles y en la playa.  "Usted se paga el pasaje, y el gobierno el hospedaje" fue la consigna central de la publicidad oficial, y un verdadero aluvión respondió a la invitación en la temporada de 1949/50.  En la provincia de Buenos Aires, a partir de la sanción de la Ley de Turismo de 1948, se eligieron las ciudades de Mar del Plata, Necochea, Tandil y Carhué como los sitios más destacados del territorio provincial para centros de vacaciones, y en ellos se contrataron cincuenta hoteles.  De esta manera, en los comedores selectos y suntuosos y en las playas de élite de Mar del Plata comenzaron a verse "cabecitas negras" que llegaban a gozar de la playa y de un mar que, en la mayoría de los casos, nunca antes habían visto.  En materia de viviendas, la Fundación había iniciado la construcción de hogares para los obreros.  Llegó a concretar el barrio "Presidente Perón" (Saavedra) y "Ciudad Evita" (La Matanza), que proporcionaron casa propia a 25.000 familias, pero otros planes en marcha, sobre todo en el interior del país, quedaron paralizados a partir de 1955.  En 1952 se puso en marcha el Plan Agrario de la Fundación y un mes después ya estaban operando en el interior del país los primeros 170 tractores, 125 sembradoras, además de arados y rastras de diverso tipo, cultivadoras, juntadoras de maíz, acoplados y otros automotores que había adquirido para pequeños propietarios y colonos.  También se habilitaron "talleres rodantes" que permanentemente recorrían los campos dando auxilio mecánico a quien lo necesitara, de modo que en pocas horas pudiese reanudar sus tareas. En adelante, los hombres de campo pudieron solicitar a la Fundación todo tipo de ayudas, incluso pecuniarias, para el eficaz rendimiento de sus tierras, las cuales quedaron comprendidas dentro de un vasto plan de "trabajo rural organizado".  Este plan, sumado a los créditos que otorgaban por entonces los bancos nacionales y provinciales, posibilitó que la producción agrícola se duplicase en poco tiempo y los pequeños propietarios de tierras, a su vez, pudieran duplicar el precio de sus cosechas.  En apoyo del Plan Económico de gobierno de 1952, la Fundación creó 181 proveedurías en la Capital Federal, en su mayor parte almacenes ya montados adquiridos a sus propietarios, para apoyar el programa de abaratamiento de precios que los monopolios comerciales se negaban a acatar.  En las proveedurías la gente encontraba a bajo precio los artículos de primera necesidad que por entonces los monopolios sustraían del mercado para provocar su encarecimiento.  Para hacer frente a esos cuantiosos gastos, se establecieron impuestos especiales al juego (casinos, loterías e hipódromos) y aportes obligatorios de los trabajadores, que dedicaban los jornales de los 1º de mayo y los 17 de octubre de cada año a incrementar los ingresos de la Fundación con parte de su salario; recibía también donaciones en efectivo y en especie provenientes del mundo empresario.   "Perón cumple, Evita dignifica"  Observando sus estatutos, puede señalarse su similitud con cualquiera de las fundaciones y ONGs actuales: objetivos generales como prestar ayuda pecuniaria o en especies, otorgar becas, realizar obras de interés general y construir establecimientos benéficos.  Pero al contemplar la actividad que desarrolló, pueden señalarse dos estrategias bastante definidas: a) la atención integral en grandes establecimientos (hogares de ancianos, escuelas, institutos de internación, centros turísticos); y b) el otorgamiento directo de bienes materiales y subsidios en grandes cantidades.  Por el lado de sus atribuciones, el Poder Ejecutivo reconocía que las funciones a cargo de la Fundación Eva Perón eran de orden público e interés nacional.  Con ello, atribuía a una entidad privada el carácter de ejecutora de funciones públicas normalmente reconocidas exclusivamente al Estado.  Claro, la obra de la Fundación no fue un fruto aislado.  En sólo nueve años el peronismo cambió la Argentina, la dio vuelta.  Creó un Ministerio de Educación y quintuplicó el presupuesto en ese área, construyendo más escuelas que las hechas en el resto de la historia del país.  Creó un Ministerio de Salud Pública y multiplicó 50 (cincuenta) veces su presupuesto, bajando en solo dos años, por ejemplo, los casos de paludismo de 23.000 a 500.  Creó un Ministerio de Trabajo y Seguridad Social que triplicó (sic) los salarios y protegió a los obreros como jamás lo hizo nadie ni antes ni después, constituyendo por primera vez en el país los Tribunales de Trabajo.  Construyó el aeropuerto internacional más grande del mundo, entre otras 76.000 obras públicas, y más de 500.000 viviendas.  Logró que el país produzca todo el carbón, el aluminio, el gas y el petróleo que consumía.  Construyó una planta nacional de energía atómica de las más avanzadas del mundo.  Se convirtió en uno de los seis países que volaban sus propios aviones a chorro.  Redujo a 0 (cero) la deuda externa.  Duplicó la renta nacional.  Redistribuyó la riqueza en forma espectacular y revolucionaria.  En resumen: hizo una realidad la felicidad del pueblo y la grandeza de la nación.  El golpe de estado de septiembre de 1955, que restauró en el país la economía dependiente e hizo caer todos los índices, puso también fin de manera expeditiva a la experiencia en pleno desarrollo de la Fundación, probablemente la política más inteligente y coherente de la Argentina del siglo XX.  En los primeros tiempos de ese durísimo gobierno militar, las autoridades intervinieron todos los organismos e institutos de la Fundación, dispersándolos en diversas áreas del Estado -que de esta manera se "infló" considerablemente.  De los cuantiosos fondos con que contaba al momento de ser intervenida (3.280.458.812,10 pesos moneda nacional en activos -que, sumando un interés anual del 4 %, ascenderían hoy a más de 1.000 millones de dólares post-convertibilidad- y 504.188.931,03 pesos moneda nacional en deudas) las autoridades golpistas jamás dieron cuenta de su destino.  En septiembre de 1955 los estudiantes tomaron por asalto el gran edificio de su sede, construido especialmente para ese fin, delante de la CGT y frente al monumento al trabajo, de estilo neoclásico, sobre la avenida Paseo Colón 850 (donde actualmente funciona la Facultad de Ingeniería de la UBA), y las gigantescas figuras de piedra que coronaban su frente fueron descendidas sin reparar que tenían un significado más amplio que el meramente político.  Las comisiones investigadoras designadas por la Revolución Libertadora concluyeron en 1958 en que "no se han llegado a comprobar hechos que estuvieran penados por las leyes, pues el procedimiento técnico y legal al que se ajustaron las licitaciones, concursos de precios y compras han sido realizados en todo momento dentro de las normas administrativas de rutina".  No obstante, los golpistas procuraron hacer desaparecer toda huella de la Fundación, considerada "un peligroso ejemplo de demagogia populista y antidemocrática" tanto para las generaciones futuras como para los demás pueblos del mundo: se quemaron así millones de colchones, sábanas, frazadas, alfombras, cortinas e incluso prendas de vestir, utensilios, bicicletas y pelotas de fútbol para distribuir en zonas pobres del interior por el solo hecho de llevar el sello "Fundación Eva Perón". La depredación abarcó incluso a las unidades turístico-termales de alta montaña como Puente del Inca y Las Cuevas, donde se llegó a tirar al río Mendoza vajilla y cristalería importada de Finlandia y Checoslovaquia.  La Revolución Libertadora desalojó a los niños internos del Hogar de Termas de Reyes "Evita", en Jujuy, y habilitó sus instalaciones como casino de juegos; interrumpió también la construcción en marcha de tres hogares de ancianos en Córdoba, Santa Fe y Tucumán, de un policlínico en Corrientes, y abandonó las obras del Policlínico de Niños y Lactantes de la calle Warnes, en la Capital Federal, ya muy adelantadas, y en las cuales la Fundación había invertido 400 millones de pesos (el policlínico Warnes fue finalmente dinamitado por la administración del intendente Grosso en 1993).  En cuanto a las colonias de vacaciones, en 1956 se sancionó el decreto 17.800 por el que "se transfirieron a la Dirección General Inmobiliaria las Unidades Turísticas Chapadmalal, Embalse Río Tercero y de Alta Montaña".  En el caso de Mar del Plata, a partir de 1955 se desactivaron todos los programas de turismo social, tanto oficiales como de la Fundación, aunque las obras sociales de muchos sindicatos continuaron promoviendo el turismo hacia esta ciudad hasta fines de los años '80.  Al día de hoy, el turismo social a través de sindicatos y obras sociales prácticamente ha desaparecido del país, debido al deterioro económico y laboral que fue creciendo a partir del último gobierno militar.  Evita lo explica con gran claridad en La Razón de mi vida: "El país estaba solo. Marchaba a la deriva sin conducción y sin rumbo. Todo había sido entregado al extranjero. El pueblo sin justicia, oprimido y negado. Países extraños y fuerzas internacionales lo sometían a un dominio que no era muy distinto a la opresión colonial.  "Me di cuenta de que todo eso podía remediarse. Poco a poco advertí que yo era quien podía remediarlo. En ese momento, el problema de mi país pasó a ser un problema de mi conciencia. Lo resolví decidiéndome por la Revolución".  

 Gracias Agenda de Reflexión http://www.agendadereflexion.com.ar/