viernes, 10 de febrero de 2017

Le Canard Enchaîné: La pesadilla de políticos y empresarios

Eduardo Febbro
Publicado el 9 de febrero de 2017

Cada miércoles, un espasmo acompaña el despertar de la clase política francesa en su conjunto. El mismo malestar dura desde hace poco más de un siglo, a partir de aquel 5 de febrero de 1916 en que apareció el primer número del semanario satírico francés Le Canard Enchaîné. Independiente, incorruptible, sin la más mínima publicidad, con una tirada semanal de 500 mil ejemplares, este semanario ha sobrevivido en la cima a todas las crisis reales e imaginarias y sigue siendo la pesadilla de los políticos y empresarios que ven desfilar por sus páginas revelaciones capaces de derribar carreras enteras o enterrar candidaturas presidenciales como acaba de ocurrir con el hasta hace dos semanas hiperfavorito de las elecciones presidenciales de abril y mayo, el ex primer ministro François Fillon. Fue Le Canard Enchaîné quien sacó la información acerca de lo que hoy se conoce en Francia como el PenelopeGate, es decir, el presunto puesto de trabajo que la esposa del candidato de la derecha ocupó como asistente parlamentaria en lo que aparece como un empleo ficticio por el que cobró decenas de miles de dólares (sus hijos también están implicados). 

A cien años de la Revolución Rusa. El problema del pasado es que no pasa

 Boaventura de Sousa Santos *
(Pagina 12)
Publicado el 8 de febrero de 2017

Este año se conmemora el centenario de la Revolución Rusa –me refiero exclusivamente a la Revolución de Octubre, la que sacudió el mundo y condicionó la vida de cerca de un tercio de la población mundial en las décadas siguientes– y también se conmemoran los 150 años de la publicación del primer volumen de El capital de Karl Marx. Juntar ambas efemérides puede parecer extraño, porque Marx nunca escribió con detalle sobre la revolución y la sociedad comunista y, de haberlo hecho, resulta inimaginable que lo que escribiese tuviera cierto parecido con lo que fue la Unión Soviética (URSS), sobre todo después de que Stalin asumiera la dirección del partido y del Estado. La verdad es que muchos de los debates que la obra de Marx suscitó durante el siglo XX, fuera de la URSS, fueron una forma indirecta de discutir los méritos y deméritos de la Revolución Rusa.